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¿Son las 35 horas la solución al desempleo? PDF Imprimir E-Mail
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"Ganarás el pan con el sudor de tu frente"(Génesis, 3,17-19). Y desde aquellos primeros días no ha dejado de ser así para el común de los mortales. Castigo del Señor o bendición divina. La verdad es que el momento fatídico que anuncia el despertador y las horas posteriores dedicadas al trabajo que, si ya no ingratas, son para la mayoría agotadoras, hacen que se vivan como una condena. Pocos tienen la suerte de desarrollar la actividad que desean.
 
El resto se pelea con su suerte y con sus quehaceres habituales poco gratificantes. Pero, a fin de cuentas, no va a ser todo quejarse. Tal y como está de complicado encontrar un empleo y conservarlo, últimamente se estila más lo de dar gracias a Dios, aunque se reconozca el suplicio que conlleva el ir cada día a trabajar.Las cosas nunca han estado fáciles, las pirámides no se construyeron con grúas y excavadoras. Pero cuando James Watt inventó la máquina de vapor y cobró vida la revolución industrial, los trabajadores decidieron poner freno a los abusos en las fábricas. Mujeres y niños en condiciones infrahumanas soportaban la explotación de tener que producir durante jornadas interminables.

Con el tiempo, un naciente sindicalismo emergió para defenderse de tan injustas condiciones laborales. La lucha por proteger los derechos del trabajador ha sufrido distintas etapas históricas, consiguiendo notables ventajas. Desde el crack del 29, que anunciaba la gran depresión de los años treinta, pasando por la crisis del petróleo y la imposibilidad de frenar el desempleo en los años setenta, donde aparece el empleo a tiempo parcial, y por la década de los ochenta, en la que se plantea como posible solución a los problemas económicos la reducción de la jornada laboral, hasta el debate que se origina en los noventa en torno a la calidad de vida y creación de empleo. Distintos períodos de crisis en las que los acuerdos y desavenencias entre sindicatos, patronales y gobiernos marcaron las políticas económicas.

La consecución de una jornada digna ha sido una constante que se ha mantenido en el tiempo. Ya no existen, al menos por ley, esos horarios extenuantes de antaño, aunque la realidad nos muestre, a veces, lo contrario. En 1993 la Directiva Comunitaria sobre el Trabajo establecía en 48 el número de horas semanales trabajadas. Esta cantidad de horas varía según el país, el sector en el que se trabaje, la formación y la situación familiar. Hay naciones cuya jornada laboral es más larga como España, Noruega e Italia con 40 horas semanales. Otras, en cambio, optan por horarios más reducidos: Irlanda (39 horas), Alemania y Bélgica (38 horas), Dinamarca (37 horas). Incluso, se da el caso de Francia que acorta su jornada hasta las 35 horas.

Ello contrasta con las cifras que aporta el portal de Internet Monster. En éstas, el 57% de los europeos hace más de 40 horas a la semana, de los cuales un 20% le dedica a su ocupación más de 50 horas semanales. En España, el 61% de los trabajadores desarrolla más de 40 horas a la semana. Una cuarta parte de ellos sobrepasa las 50 horas. El porcentaje restante se reparte entre un 25,32% cuya actividad se prolonga de 25 a 40 horas y un 13,2% que trabaja menos de 25 horas.

Otro informe de la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA), con la colaboración del Instituto Nacional de Estadística (INE) y del Ministerio de Trabajo, revela que el número de horas que realizan los autónomos ha aumentado(de 45,7 en 1995 a 46,6 en 2002), aunque no así su renta. A su vez, los empleados por cuenta ajena rebajaron el año pasado una hora a la semana con respecto a 1997, de 40,8 a 39,9.
 
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Opiniones


La jornada de trabajo en España queda establecida en 40 horas semanales de trabajo efectivo de promedio en cómputo anual, según queda reflejado en el Art. 34.1 del Estatuto de los Trabajadores. Los sindicatos y algunas fuerzas políticas, PSOE e IU, pretenden disminuir a 35 el número de horas de trabajo semanales, sin reducción salarial y con protección social plena. Si bien todos están de acuerdo, difieren en el grado de intensidad con el que propugnan esta medida y chocan con la oposición de la CEOE y del Gobierno.

UGT considera un objetivo básico la reducción de la jornada laboral como un elemento crucial en la creación y reordenación del empleo. En el 37º Congreso Confederal de marzo de 1998, cuyo lema era “Por las 35 horas. Empleo y Solidaridad”, se avalaba esta tesis con la presentación de la Iniciativa Legislativa Popular, que recogía más de 800.000 firmas. La elevación a rango de ley de esta propuesta y el mantenimiento de la negociación colectiva son las dos maneras por las que UGT pretende abordar esta cuestión.

Partidario de esta posible ley se muestra CCOO, teniendo como base el diálogo social. Este sindicato defiende la negociación colectiva como un instrumento creador de puestos de trabajo, con el marco de la legislación vigente como medio para fomentar los acuerdos.

En opinión de IU, la reducción de la jornada laboral debe ir acompañada de una serie de medidas para que surta efectos verdaderos. Estiman necesaria la supresión de las horas extraordinarias, las ETT, la penalización de los contratos temporales y el adelanto de la edad de jubilación como hechos relevantes para que la futura ley pueda dar sus frutos.

Por su parte, el PSOE se adhiere a una jornada de 35 horas semanales, aunque se muestra partidario del diálogo social. El pasado uno de abril planteó una propuesta para que el Gobierno negociase con los sindicatos el acordar las 35 horas semanales para los empleados de la Administración del Estado, en vez de las 37,5 existentes. El Ejecutivo rechazó la demanda. El actual Gobierno sostiene que promulgar una ley que obligase a la reducción de la jornada restaría competitividad a las empresas. Prefiere dejar la duración de la jornada a la negociación en los convenios colectivos.

Más contundente es la postura de la CEOE a la disminución del tiempo de trabajo. Según su presidente, José María Cuevas, esta medida “no sirve para crear empleo”. La patronal se muestra partidaria de la flexibilidad laboral. Cree que, de concretarse esta idea de las 35 horas en norma con rango de ley, favorecería el aumento de la inflación y dificultaría la competitividad de las empresas.

Como se ve, diferentes maneras de abordar la cuestión, contrapuestas algunas de ellas que hacen necesario un debate entre los distintos agentes sociales para poder llegar a un acuerdo. Sin embargo, no conviene olvidar que un buen número de personas está ya gozando de las 35 horas semanales en nuestro país. En el período comprendido entre 1998 hasta el 2002, la cantidad de trabajadores que se beneficiaron de esta medida ascendió a 1.350.000. La disposición ha sido adoptada por 11 Gobiernos Autónomos, aplicándose a 700.000 trabajadores más. La acogida en el sector privado muestra la firma de alrededor de 400 convenios colectivos recogiendo la reducción de la jornada laboral.

En los últimos años, ha surgido la propuesta de los sindicatos de establecer las 35 horas de jornada laboral en España como mejora de la situación del trabajador y , sobre todo, como un estímulo para combatir la tasa de paro reinante en nuestro país. Una justificación tan legítima como medida para acrecentar el empleo como dificultosa por las trabas que puede encontrar en la aplicación de tal objetivo.

En los últimos años, ha surgido la propuesta de los sindicatos de establecer las 35 horas de jornada laboral en España como mejora de la situación del trabajador y , sobre todo, como un estímulo para combatir la tasa de paro reinante en nuestro país. Una justificación tan legítima como medida para acrecentar el empleo como dificultosa por las trabas que puede encontrar en la aplicación de tal objetivo.